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Fe vivida con todo 

Hoy celebramos la memoria de santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores. Y el Evangelio de hoy nos recuerda cuál es el fundamento de toda evangelización: la fe.

Un padre se acerca a Jesús con el corazón destrozado. No viene a discutir ni a demostrar nada. Solo suplica: «Señor, ten compasión de mi hijo». Ya había acudido antes a los discípulos, pero ellos no habían sido capaces de curarlo.

Jesús señala entonces el verdadero problema: la falta de fe.

Pero conviene entender bien sus palabras. La fe no es una fuerza mágica con la que conseguimos todo lo que queremos. La fe es confiar de verdad en Dios, incluso cuando nuestras fuerzas se terminan y las soluciones humanas parecen agotarse.

Por eso Jesús pone el ejemplo del grano de mostaza. La semilla es pequeñísima, casi insignificante. No hace falta una fe espectacular; basta una fe auténtica. Una confianza humilde, pero firme, apoyada en el Señor y no en nuestras propias capacidades.

Y precisamente eso nos recuerda hoy santo Domingo de Guzmán. Vivió en una época de gran confusión, pero comprendió que la Iglesia no necesitaba primero grandes estrategias, sino hombres y mujeres profundamente enamorados de Cristo. Su predicación nacía de largas horas de oración, del estudio de la Palabra y de una confianza absoluta en que Dios seguía actuando en los corazones.

Se suele resumir su espiritualidad con una expresión muy hermosa: contemplar y dar a los demás lo contemplado. Antes de anunciar a Cristo, Domingo permanecía con Él. Porque sabía que nadie puede transmitir una fe que no vive.

También nosotros tenemos “montañas” delante: preocupaciones familiares, enfermedades, decisiones difíciles, personas que parecen alejarse de Dios o situaciones que nos superan. Y el Evangelio nos recuerda que la primera respuesta no es el desánimo, sino la confianza.

Jesús concluye con una promesa sorprendente: «Si vuestra fe fuera como un grano de mostaza… nada os sería imposible». No porque nosotros seamos fuertes, sino porque Dios puede hacer mucho con un corazón que se pone en sus manos.

Que santo Domingo de Guzmán interceda hoy por nosotros, para que nuestra fe no se quede en palabras, sino que se convierta en una vida profundamente unida a Cristo. Porque solo quien primero se deja transformar por el Señor puede anunciarlo con verdad y llevar esperanza a los demás.