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Miércoles de la II semana de Cuaresma 

El Señor tiene que salir en ayuda de los hijos del trueno, que han provocado una apoteósica tormenta verdaderamente tempestuosa en el corazón de los más allegados del Maestro, que bien podría haber culminado en lapidación. Los judíos tienen esa libertad.

El flagrante enchufe que la madre solicita para sus niños bonitos pone en evidencia las simplonas aspiraciones de los hijos de Zebedeo. Simplonas y demasiado comunes. El enchufismo rara vez no ocupa algún titular en la prensa. Si dicho deseo de ascenso se fundamenta en valores y cualidades que uno ha trabajado, hasta sería comprensible.

Quizá el hecho de ser los apóstoles más cercanos al Maestro, hizo que naciera en ellos un delirio de grandezas que en realidad se convertía, sin ellos ser del todo conscientes, en la esclavitud de la vanidad y el orgullo. Ciertamente, junto con Pedro, los apóstoles Santiago y Juan son claramente más mencionados en episodios donde sólo ellos asisten porque Jesús se los lleva aparte. El domingo pasado, sin ir más lejos, subieron solos con Él al monte Tabor, donde el Señor se transfiguró. Estarán también en el huerto de los olivos, y así, en otros momentos. Claramente con ellos tres, el Señor compartía más que con el resto.

El evangelio, en este sentido, es continuación de la enseñanza de ayer: el espíritu de servicio ocupa un lugar troncal en la vida cristiana, donde su fundador se define a sí mismo como «siervo», porque es el primero en servir. En el texto de hoy, va mucho más allá: utiliza la palabra «esclavo». Imposible no recordar a María, que se define con esa misma expresión en el Magnificat.

Humanamente hablando, vivir como esclavos de los demás reporta muy pocas ganancias. Pero al nivel espiritual, es decir, sobrenaturalmente hablando, nos asemeja al Maestro. En cuaresma aparece machaconamente esta idea del servicio, porque el grito de guerra del tentador —»non serviam»— está muy anclado en nuestros corazones. Que caigan en esa trampa los hijos de Zebedeo nos alecciona a todos, al tiempo que le pedimos al Señor que fomente en nosotros un verdadero espíritu de servicio.