“En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”.
Los pastores descubrieron algo nuevo, la Virgen también sabía que empezaba una nueva época. Hace ya ocho días que celebramos el nacimiento de Cristo, tal vez no hayamos caído en la cuenta de la novedad de Cristo y estos días se vayan convirtiendo en “una Navidad más”. Por eso hoy la Iglesia nos propone a María como Madre de Dios.
Mirando a María descubrimos la grandeza de Dios que se mete en nuestra historia y en nuestra carne. Y tendríamos que llenarnos de estupor y de alegría (no sólo por el cava). La novedad de Jesucristo nos hace también a nosotros nuevos: el hombre viejo ha sido desterrado y hemos sido hecho hombres nuevos por la gracia del Espíritu Santo. “Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡Abba! Padre.» Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios”.
“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz”. Que Dios diga bien de nosotros es posible porque dice bien de nosotros en su Hijo hecho carne. Y respecto a esa bendición que pide la paz podemos traer aquí las palabras del Papa en la jornada mundial de la paz de este año (es decir: hoy):“La paz es un don de Dios y al mismo tiempo un proyecto que realizar, pero que nunca se cumplirá totalmente.
Una sociedad reconciliada con Dios está más cerca de la paz, que no es la simple ausencia de la guerra, ni el mero fruto del predominio militar o económico, ni mucho menos de astucias engañosas o de hábiles manipulaciones. La paz, por el contrario, es el resultado de un proceso de purificación y elevación cultural, moral y espiritual de cada persona y cada pueblo, en el que la dignidad humana es respetada plenamente. Invito a todos los que desean ser constructores de paz, y sobre todo a los jóvenes, a escuchar la propia voz interior, para encontrar en Dios referencia segura para la conquista de una auténtica libertad, la fuerza inagotable para orientar el mundo con un espíritu nuevo, capaz de no repetir los errores del pasado.”
Hacer este año nuevo es ponernos en los brazos de María, hijos en el Hijo, y pedirle al Señor que cambie nuestro corazón, nuestra vida, nuestra mentalidad y nos haga verdaderos artífices de la paz en Cristo el hombre nuevo.
